Si pueden respirar una trago de odio en su forma más cruda, podríamos hacer una visita a los años de la guerra sucia (1976-1983). Te pido que estés a mi lado y que escuches a un capitán del ejército, Ernesto W, quien esta sentado en este momento detrás de su amplio escritorio.
Algunas imágenes escalofriantes cuando el silencio de los muertos descendió sobre la Argentina durante del golpe de estado del 24 de marzo de 1976.
“¡Ellos son una raza despreciable!” dice el capitán con rabia refinada que alimenta sus emociones más bestias. “¡Tengo menos respeto a los judíos que a los subervsivos! Por lo menos ellos luchan por lo que creen, a pesar de que están equivocados.”
En este momento, entre esas palabras lleno de odio, podés sentirte vulnerable y débil. Pero es importante que sigas escuchando para que puedas ver con tus propios ojos y sentir el odio que dejo a tantos en la incomprensión.
“¡Los judíos son una manga de débiles!” continúa. “Ellos nunca levantaron un dedo cuando los estaban exterminado. El error que hicieron los nazis era no exterminarlos a todos.”
Capitán EW dice que muchos jóvenes oficiales en el Ejército Argentino piensan como él. “Ya existe un grupo que se va a hacer frente a este problema (de echar a todos los judíos de la Argentina),” concluye. “Vamos a aterrorizarlos a tal punto que no tendrán otra opción que irse del país.”
Cuando yo vivía en Buenos Aires brevemente en 1977-78, escuché y sentí tanta violencia y odio que había perdido momentáneamente como escribir. Durante muchas noches en mi casa, sentado solo delante de mi máquina de escribir, trataba de escribir lo que escuché y vi. A veces tuve suerte y pude escribir un par de oraciones, como este poema que tardó más de tres décadas para despertarse:
La lucha contra la subversión
Si pudiera emplear el silencio
Incluso dar brevemente trabajo a los ecos
Bajo la inmensa noche estrellada
El rocío pondrá a los adoquines de las calles a dormir.
Las teclas de mi máquina de escribir están al rojo vivo
se sienten como una Gillette cortando mis dedos
hacen un viaje fugaz al infierno y vuelvenal mismo lugar;
es demasiado rápido para que pueda escribir todo lo que veo.
A medianoche la noche llega a un punto muerto,
los reflectores alumbran el estado de sitio
Sirenas aullando en la distancia llevando a las víctimas de la guerra.
Fuertes golpes en mi puerta y fácilmente me acorralan:
¿¡Cómo se atreven?!
¡Es la guerra contra el terrorismo!
Y otra víctima desaparece esposado y encapuchado
en medio de las sirenas que intentan abrirse paso por la barrera del silencio.
Buenos Aires, 1977
